CAP 11 "Huérfanos"
No había tiempo para esperar a Kestor, las tropas debían llegar cuanto antes a Trains, Gofor reanudo la marcha, el general podría uniserle en la ciudad luego.
Aunque reinaba el silencio entre las filas los espíritus estaban renovados, no era miedo ni resignación, sino enardecida valentía, deseos de que el enemigo fuera subyugado de una vez, aplastado para poder volver a casa, al verde Lockart.
El cielo comenzaba a oscurecerse, todos vieron como el rey y la caballería apresuraban el paso, así los imitaron como pudieron infantería y arqueros, las nubes crecían desde el suelo, los que llegaron primero cayeron de rodillas, algunos escondieron sus rostros entre las manos, otros gritaron con cólera, allí abajo se hallaba Trains, completamente desvastada, aun a la distancia podían verse los cuerpos tendidos, el humo que crecía desde la ciudad, subiendo lentamente y besando al cielo como un sucio amante muerto, la tristeza miro al ejercito lockarteniense, y les sonrió.
Gofor observo a los hombres, se derrumbaban al suelo gimiendo como si hubiesen vuelto a ser heridos por flechas invisibles, otros se mantenían con la vista fija y las espadas en mano, el rey espoleo a su caballo y todos lo siguieron.
Los corazones quizás les latían a un mismo ritmo, y aunque desgarrados, latían con furia, a muchos, tal vez todos, incluso al rey, ya no les importaba morir, era deseo común destruir a cuanto enemigo se le cruzara y no importaría sacrificarse para lograrlo.
Las puertas de la ciudad estaban destruidas, completamente astilladas en el suelo, se oyeron algunas flechas y tanto cuervos como otros animales cayeron al lado de aquellos a quienes devoraban. Fueron si, perdonados, los que estaban sobre las fuerzas invasoras, tal era el grado de aborrecimiento en el que el humo los sumía.
Desmontaron para entrar, en realidad, solo un puñado de hombres se atrevió a cruzar lo que quedaba de las murallas, Gofor transito por las calles de Trains, antes una ciudad tan hermosa, llena por la vida y el estilo de los viajeros grexanos y amanavenses, el silencio era ensordecedor, niños y mujeres se hallaban muertos en el suelo, destripados, cercenados de la peor manera, algunas casas aun ardían, los puestos mercantes saqueados y destruidos, hallaron a un grupo de soldados de la guardia de la ciudad con unos cuantos caballeros menhori muertos a su alrededor, los hombres hicieron un solemne "
hea" por la valentía de sus compañeros, Gofor se detuvo un momento al ver una madre y a su pequeño, ensartados por una lanza mientras se abrazaban en un rincón, el rey se aproximo y de un golpe con su espada rompió aquella blasfema cadena que unía a esas pobres personas, cayeron al suelo ya libres, pero aun sosteniéndose en brazos.
De pronto las cabezas giraron al mismo tiempo, alguien canturreaba una vieja melodía, muy cerca de allí, desenvainaron y se aproximaron con cautela, próximos a la plaza central se oía crepitar un gran fuego, alguien tristemente se arrastraba y tarareaba.
Gofor llego hasta un puesto que aun se mantenía en pie entre tanta devastación, espió por la desgarrada lona y su mano hizo un ademán para que los demás se detuvieran, se giro para ver a los hombres y su cara era de completa estupefacción, salio de atrás del puesto a paso rápido mientras los hombres intentaban detenerlo, pero el grito "
semillas" y corrió.
Los hombres lo siguieron, el rey se aproximaba a las zancadas hasta un pequeño grupo harapiento que permanecía sentado entorno al fuego, temiendo una emboscada a su gobernante corrieron tras el con las espadas en alto, cuando Gofor se acuclillo y destapo a una de esas sombras pudieron ver con sorpresa, el rostro de una pequeña, de quizás nomás de 6 años, todos los demás lo imitaron y se descubrieron, revelando a una decena de niños, ninguno mayor a los 14 años.
Magullados, sucios, pero ninguno realmente herido, apilados a unos metros se hallaban unos cuantos jinetes Menhori, y tarareando por uno de los recodos llego un muchacho alto, pelirrojo, delgado pero no de apariencia débil, revestido con una armadura improvisada y una gran espada, al ver a los caballeros permaneció quieto, expectante, pero el rey se giro con el escudo de Lockart en su pecho, sonriendo, el muchacho corrió hasta Gofor y se lanzo a sus brazos.
Fuera de las murallas los niños fueron recibidos como héroes, los corazones cicatrizaban al ver a esas pequeñas criaturas salir del fuego y la muerte.
"
Mantuvimos las murallas cuanto pudimos, pero finalmente penetraron la puerta y todo fue caos, ya no había donde esconderse, pocos escaparon y de ellos no creo que nadie haya sobrevivido - dijo Lyon secándose una lagrima con su manga -
una vez que los jinetes entraron, no perdonaron nada, nadie, nuestros padres nos escondieron y fueron a luchar, salimos cuando solo podía oírse nada mas que fuego", "
y esos caballeros muertos¿?" pregunto uno de los soldados mientras miraba con ternura y admiración a los niños, "
los acabamos nosotros.." comenzó a decir el muchacho cuando "
Lyon!! todos ellos murieron bajo su espada, nosotros solo, nos quedamos petrificados" lo interrumpió un pequeño cerca suyo, el muchacho se ruborizo y miro al suelo.
"
los enviare a Lockart con unos jinetes, son lo ultimo que queda de Trains, serán las semillas de mañana" les dijo el rey y sonrió acariciando la cabeza de la pequeña a su lado.
Cuando los jinetes designados se preparaban a partir Lyon miro a Gofor, "
quiero ir", "
lo se muchacho, allá estarás tranquilo, lamento todo...", "
no - dijo interrumpiéndolo con cortesía -
quiero ir con ustedes, marchar a la guerra".
Los hombres sonrieron pero nadie dijo nada, Gofor lo miro pensativamente, "
Armeros!, equipen al muchacho, el resto, hea! vamos que los perros nos esperan!".